Cada sábado el Merendero le abre sus puertas a decenas de niños que desayunan y meriendan allí. Esto sólo es posible gracias a las donaciones de leche en polvo, azúcar, cacao y galletitas. Es por eso que necesitamos de la ayuda de todos, ya que cada ayuda se traduce aquí en un gesto gigante de solidaridad con los niños, nuestros únicos privilegiados.
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